Mi guerra

Siento que el alma abandonó mi cuerpo, que el espíritu salió a divagar y mientras tanto, me entrego a la pereza que se posa sobre mí con la fuerza del plomo y no permite que me mueva, que piense, que goce. Me acorrala.

Duele el instinto agotado, la sonrisa fingida, la media luz... la media vida.

La oficina acaudalada, la gente, el teléfono, los niños ¡cuántos niños! Y los pensamientos se agolpan fuertemente, uno tras otro, sin dejarme escucharlos, resolverlos, cuestionarlos. Estallan en las paredes de mí ser y duelen y revientan de continuo.

No tengo fuerza ni para andar... y el corazón. El corazón se estremece y me grita su necesidad y deseo cuidarlo pero es más fuerte la oscuridad.

La televisión, los videojuegos, la computadora y su voz... Su voz me reclama, me estruja, me flagela, me adormece, me cansa, me quiere, me harta.

La luz, el sol, el cielo, las nubes, yo. Yo que me arrastro entre los vivos. Yo que me despojo del antifaz. Yo que busco nuevos bríos. Yo que no quiero vivir más. Yo que anhelo el silencio. Yo que habito el muladar. Yo que quiero retenerte. Yo que ya no se cómo amar.

Y la vida se vierte cada día sobre mí y traiciono mi mente fingiendo vivir. Y llueve otra vez y mis heridas no se curan. Y sangro y me desangro y los latidos continúan.

La quietud de la noche me alegra de momentos, la luz de la luna refleja en mi ventana. Mis brazos abiertos se intimidan y se guardan. Mis ojos se cierran, mis oídos te llaman, mis labios se sellan. Mi mente perdura.

Por Tanya Ventura

Comentarios

cotidianamente hermoso! me encanto.


emo cliao


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